Es muy claro, pero muy poco comprensible en la generalidad social que vivimos, que en cada situación de conflicto o complicación de las actuaciones humanas, existe un componente multifacético de aspectos que derivan todas de su tronco primordial, y que es, el de la ira. Mal humor, amargura, rabia, cólera, odio, venganza, nerviosismo, estrés, prejuicios, descontrol, burla, descalificación, discriminación, resentimiento, furia, violencia, celos, etc., etc., etc., se asocian o derivan de la IRA. Entonces significa que en toda, o al menos en la mayoría de los conflictos entre personas, proviene ese aditamento que está al asecho o a la expectativa y como siempre presente; que a veces en reposo pero permanece; ese, es la ira. Por lo cual el conflicto del tipo que sea, la magnitud dependerá en tal o cual persona o pareja, de la acumulación de ira, y en el descontrol de la misma. Indudablemente, pueden existir personas que quizás por su nivel de ser o por su equilibrio emocional, no manifiesten o exterioricen a aquel aditamento agregado a cada momento y que no sirve para nada, absolutamente para nada valioso, y que solo empeora los conflictos y las situaciones que se presentan de todo tipo en cualquier tiempo y lugar.
Por ejemplo una pareja de enamorados tiene un quiebre reiterado en su relación por una actitud de uno de ellos en particular, y que no siendo ésta grave, ocasiona malestar, irritabilidad, cólera, etc., además de la preocupación propiamente tal de la situación particular. Lo que significa que muchos conflictos entre personas, por no decir en casi todos, no son tan graves o terribles. O sea, el conflicto primordial o la razón original, que es una cosa y la ira o violencia es otra; puede llegar a ser hasta insignificante el problema original, sino que el aditamento de ira o violencia agregada a aquello y su descontrol, es la que contribuye o permite que el conflicto se agrave y permanezca por bastante tiempo, incluso años, dependiendo de la madurez y comprensión alcanzada de cada persona. A mayor efecto de esto último, menor será el traumatismo del conflicto y por consiguiente menor el tiempo de ese desencuentro. xq4tmu³ p≠©²
Se puede entender con todo lo dicho, que la ira y todos sus derivados y asociados psicológicos y temperamentales del mal carácter de cada persona, son prácticamente una enfermedad.
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